(…). Muchas veces lo intenté, Allah es mi testigo, intenté escribirle, quise pedirle perdón
por haberle fallado, quise decirle cuanto lo necesitaba; rogarle que me aceptara a su lado, quise mandarle cartas de amor, y al final no
pude. Otras veces, por el altísimo lo juro, también intenté escribir cartas de olvido, pero ni unas ni otras logré enviar jamás.
Ojalá pudiera volver a hacerlo todo otra vez, ojalá pudiera contenerme.
(Del diario de Kala Abaid, que
nunca nadie se atrevió a leer)
